Historias para conservar: Fabiola Dotras, alias «anchoíta»

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Historias para conservar: Fabiola Dotras, alias «anchoíta»

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Así, inesperadamente, como todas las cosas buenas de la vida, es como hemos conocido la historia de Fabiola Dotras Alonso, una seguidora de nuestra página de Facebook que nos cuenta de primera mano sus vivencias dentro del mundo conservero, una tradición familiar que la ha llevado a convertirse no solo en una apasionada de estos productos, si no en parte de esta gran familia.

Sin más dilación, os dejamos con Fabiola…

Nací pegada a la fábrica de conservas de uno de mis abuelos, el otro era también conservero e iba a verlo a su fábrica, pero estaba un poco mas alejada de casa. Empecé a probar conservas desde muy pequeña y fui viendo como evolucionaban los procesos de fabricación, de hecho, recuerdo lo que me gustaba ver el paseo de las latas hacia la primera autoclave para cerrarlas y, antes, ver como mujeres con muchísimo esmero, colocaban, una a una, las sardinas en cada lata.

También me impresionaba el inmenso congelador donde me metí un día para verlo y se cerró y nadie me encontraba hasta que, al encargado, que me conocía bien y sabía de mi osadía, se le ocurrió entrar a ver y me encontró casi congelada y oliendo a pescado, que miedo…

Yo bajaba al despacho de mi abuelo cada vez que me llamaba por su teléfono, conectado con mi casa y me decía «anchoíta» ven a probar un nuevo preparado (recuerdo las sardinas con tomate que parecían toda una novedad) y los dos nos disponíamos para la prueba como si de una ceremonia se tratase y yo tenía que darle mi opinión, aunque era tan pequeña que no recuerdo si podía o no tener una opinión.

Pero, antes de todo eso, también recuerdo las barricas para hacer salazones y escabeches que tenían un olor muy fuerte y yo me separaba cuando abrían las tapas.

Recuerdo también las visitas de los representantes andaluces que venían a ofrecer los maravillosos aceites de oliva con los que se bañaban los productos, porque no existían otros.

La vida iba muy despacio y los pedidos podían tardar meses en llegar por lo que se calculaba en función de lo que se iba a enlatar durante un período largo. Nada que ver con estos tiempos de la inmediatez, todo iba mas lento.

Ver los camiones como descargaban las sardinas el las grandes mesas-caja, me encantaba, allí se seleccionaban para pasar al proceso de limpieza, preparación y enlatado y me quedaba admirada viendo como entre ellas aparecían grandes merluzas, palometas y otros pescados.

Pasados unos años, me gustaba también pasarme por las oficinas y ver como se hacían copias a mano, en un libro, de las cartas que se enviaban, ¡¡¡¡de todas!!!  hasta que llegó el papel carbón y se empezaron a archivar. Me gustaba colocar el papel con el papel carbón y otro para la copia en la maquina de escribir Underwood y escribir en ella me resultaba como hacer magia.

Y ya puesta a recordar, solía sentarme con los empleados en unos bancos y ver como pasaban a cobrar en unos sobres marrones que algunos recordarán ya que todavía pasó bastante tiempo hasta que pasasen a domiciliar las nóminas.

El proceso y hacer cola era lento y, a mí, me gustaba estar allí, hablando y riendo con todos, tranquilos y sin desesperarse hasta que les llegaba su turno.

La vida se ha vuelto especialmente rápida y tecnológica y eso está bien, pero, para los que empezamos a vivir todo esto en los años 50, hay recuerdos son imborrables…

Para poner fin a esta andadura, tengo que decir que mi paladar, sin yo darme cuenta, se fue haciendo muy «selecto» por lo que detecto muy rápidamente la calidad de cualquier producto de conservas enlatado. Una buena, ventresca, unas anchoas increíbles, unos mejillones con un escabeche excepcional, unas buenas sardinillas…. siguen siendo, para mi, manjar de dioses.

Podría contar miles de anécdotas, pero espero que, con estos recuerdos, os hagáis una idea de la vida pasada que tenían las conservas y que tenía yo.

 

Un saludo a todos.

 

Si tienes cualquier tipo de vínculo, sea del tipo que sea, con el mar y/o con el sector conservero, escríbemos a alguna de nuestras redes sociales y estaremos encantados de escucharte y compartir tu historia con el mundo, porque como hemos dicho en otras ocasiones, ¡las cosas buenas de la vida, hay que compartirlas!

 

 

 

Fotografía de portada: Patrick Tomasso

2019-12-04T10:12:45+00:004 diciembre, 2019|Noticias|