HISTORIA
HISTORIA
La industria conservera, tal y como hoy la conocemos, se inició a comienzos del siglo XIX.
Nicolás Appert, un investigador francés de escasos recursos, descubrió en 1810, tras años de investigación, que los alimentos se podían conservar por calor en recipientes herméticamente cerrados.
Este descubrimiento hizo que ganara un premio de 12.000 francos que, años atrás, Napoleón había ofrecido para aquel que presentara “un método para conservar los alimentos largo tiempo y en buen estado”.
Al principio se empleaban envases de vidrio pero al poco tiempo, Peter Durand comenzó a usar latas, similares a las que hoy en día conocemos.
A mediados del siglo XIX se produce el cambio en la industria conservación de los alimentos en Galicia.
Las primeras fábricas de conservas en Galicia se instalan a mediados del siglo XIX, como la de Francisco Zuloaga en Oza ( A Coruña ), en 1836, o la de Alejandro Carreño en Noya, en 1856. Estas eran de pequeño tamaño y estaban escasamente mecanizadas; apenas tenían una producción especializada, que se destinaba al consumo del mercado colonial y de las tripulaciones.
En 1861, se instala la primera fábrica de conservas de la Ría de Vigo, la de los hermanos Curbera, una empresa muy significativa en el desarrollo del sector donde fabricaban, junto a las sardinas, otros productos como “pato compuesto” o “lengua de vaca”.
En 1879, se inaugura, en a Illa de Arousa, la fábrica de Goday, esto es, la primera fábrica de conservas de pescado de corte moderno: con chimenea y máquina de vapor. Emprendida por el gallego-catalán Juan Goday, allí se inicia la preparación de sardinas la estilo Nantes, de la mano de técnicos franceses, un producto destinado ya no sólo a las colonias sino también para competir con el mercado de la industria francesa. A este establecimiento de Goday le sucedieron muchos más, las fábricas se multiplicaron hasta sobrepasar las 100 en 1907. Cuando un grupo de emprendedores, liderado por Benigno Barreras, Antonio Alonso Santomingo y Manuel María Alonso Castro, establecen sus fabricas de conservas de pescado en la playa de Guixar, la ría de Vigo se transforma, por la alta concentración de fábricas, en el primer centro conservero de la península, iniciando así el despegue del desarrollo socioeconómico de Galicia.
El detonante que impulsa esta proliferación de fábricas, a partir de 1880, fue la desaparición de la sardina de las costas francesas que hundió a la industria bretona y supuso una oportunidad para Galicia. Los fabricantes y distribuidores franceses buscaron alternativas, con la creación de sociedades mixtas en los lugares donde si había sardina, como Galicia y Portugal, aportando el capital y el asesoramiento técnico a cambio de la mano de obra y de la ansiada materia prima. La aportación francesa a la formación del sector conservero gallego no se limitó a suministrar técnica o capital, sino que supuso algo más: la garantía de un mercado seguro.
«UN ACUERDO ENTRE EL MAR Y LA ACTIVIDAD HUMANA CON UNA LARGA Y RESPETUOSA TRADICIÓN. MÁS QUE UNA INDUSTRIA, ES CULTURA.»
UN ACUERDO ENTRE EL MAR Y LA ACTIVIDAD HUMANA CON UNA LARGA Y RESPETUOSA TRADICIÓN. MÁS QUE UNA INDUSTRIA, ES CULTURA.
Club Amigos de las Conservas de Pescado y Marisco
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